Tannhäuser

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Mayo 2021
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Argumento

 

Acto I

Cuadro I.

Interior del Venusberg (Monte de Venus).
Las sirenas, náyades, sátiros y amorcillos juegan y bailan para distraer a Venus y a Tannhäuser, el que hace tiempo vive seducido por la diosa (Ballet y Cr.: Naht euch dem Strande!: ¡Acercaos a la playa... !) Ésta se da cuenta de que el caballero ya no se siente tan feliz como antes (D.: Geliebter, sag: Dime, amado.) Al interrogarle, Tannhäuser le dice que le gustaría volver al mundo. La diosa trata de apartarlo de estas ideas y le pide que cante. El trovador ensalza el amor carnal, aunque echa de menos el que sienten los demás mortales (S.: Die Töne lob (La3): ¡Canto tu elogio!) Venus intenta convencerlo para que se quede a su lado, pero nada consigue (S.: Geliebter, komm!: ¡Acércate, amado!) Cuando le deja ir, le vaticina que un día se acordará de ella. Entonces estará dispuesta a perdonarle (S.: Wie hatt' ich das erworben: ¿Cómo puedo merecer esto?)

Cuadro II.

Un valle cercano al castillo de Wartburg.
Un pastorcillo vigila a las ovejas mientras canta (Frau Holda: Señora Holda). Se acercan los peregrinos que se encaminan a Roma. Tannhäuser cae arrodillado a su lado y quiere unirse al grupo (Cr.: Zur dir wall ich: Hacia ti voy), cuando de repente entra una partida de cazadores presidida por el landgrave, quien reconoce al trovador y le da la bienvenida. Tannhäuser no dice de dónde viene cuando le preguntan y sigue con su idea de ir a Roma (Cn.: O, bleib!: ¡Oh, quédate'), hasta que Wolfram le cuenta que Elisabeth está muy triste desde su partida (S.: Als du kühnen Sange: Cuando en los conventos). El trovador al oír el nombre de su amada, decide regresar a Wartburg (Cn.: O Kehr zurück!: ¡Vuelve con nosotros!; Der Himmel: El cielo).

 

Acto II

Salón del concurso en el castillo de Wartburg.
Elisabeth elogia el lugar que tan grandes competiciones ha visto, el cual volverá a recuperar su brillo con el regreso de Tannhäuser (A.: Dich, teure Halle: Salve, noble salón) (Si4). El trovador por fin se encuentra con la dama, la que llena de discreta alegría le da la bienvenida (D.: O Fürstin !: ¡Oh, princesa!; Ich preise dieses Wunder: Bendito este milagro; D.: Gepriesen sei die Stunde: Celebro esta hora). Se acerca el landgrave y, al contemplar la alegría de su sobrina, le promete que se cumplan todos sus anhelos (Noch bleibe denn unausgesprochen: Que durante cierto tiempo). Llegan los nobles preparados para asistir al concurso (Cr..‑ Freudig begrüsen wir: Alegres saludamos [este salón]). El landgrave recuerda la brillante historia del sitio y promete que la mano de su sobrina será el premio para el ganador del concurso (S.: Gar viel und schön: Muchas veces y bellamente). Se inicia la competición. Wolfram entona la alabanza del amor místico (S.: Blick ich umher: Cuando mi vista). Tannhäuser le dice que el amor es la pasión de dos cuerpos enlazados (S.: O Wolfram). Biterolf le responde que el amor es el sentimiento heroico que defiende la virtud (S.: Heraus zum Kampfe mit uns allen!: ¡Te desafiamos a combate singular!) Wolfram invoca al Altísimo para que le inspire (S.: O Himmel: ¡Oh, cielo!). Tannhäuser, exasperado, entona el elogio del amor carnal y afirma haber estado en el Venusberg (S.: Dir Göttin der Liebe (La,): A ti, diosa del amor). Todos, sobrecogidos, le acusan de blasfemo (Cn.: Ihr habt's gehört!: ¡Lo habéis escuchado!) Cuando los caballeros se disponen a acribillarlo con sus espadas, Elisabeth se interpone y pide clemencia, pues confía que Tannhäuser volverá a Dios (S. y C.: Der Unglücksel'ge: El desdichado; Ein Engel: Un ángel.) El landgrave afirma que sólo puede hallar el perdón acompañando a los peregrinos a Roma (S.: Ein furchtbares Verbrechen: Un crimen horrible; Cn.: Mit ihnen sollst du wallen: Debes peregrinar con ellos.) De pronto se escucha el coro de peregrinos que pasa cerca del castillo. Tannhäuser corre a unírsele (Cr.:Am hohen Fest: Oh, días de fiesta.) (Intermedio: Peregrinación de Tannhäuser).

 

Acto III

El mismo valle del cuadro II del acto I.
Wolfram contempla a Elisabeth que reza a la virgen (S.: Wohl wüsst ich hier sie im Gebet zu finden: Sabía que aquí la encontraría orando.) Se acerca un grupo de peregrinos (Cr.: ­Beglückt darf nun dich: Feliz puedo volverte a ver), pero entre éstos la joven no ve a su amado. Tristemente se resigna a morir y pide perdón por sus pecados (S.: All mächt'ge Jungfrau: Virgen santa [todopoderosa].) Cae la noche. Cuando la joven se marcha, Wolfram, quien siempre la ha querido, canta al lucero vespertino para que la acompañe en su subida a los cielos (R.: Wie Todesahnung: Como un presentimiento de muerte; A.: O du mein Holder Abendstern: Oh tú, dulce estrella del crepúsculo.) De pronto se acerca un hombre cubierto de harapos. Es Tannhäuser, al que su amigo no reconoce. Cuando por fin se da cuenta, le pregunta si ha conseguido el perdón (D.: Ich hörte Harfenschlag: He escuchado el sonido de su arpa). El trovador, agresivo, le responde que el Papa se lo ha denegado diciendo que así como su viejo báculo no florecerá jamás, tampoco obtendrá perdón ni su absolución a su horrible pecado. Tannhauser declama la Narración: Inbrust im Herzem (La'3: El corazón ardiendo), declarando que sólo desea regresar a los brazos de Venus. De pronto aparece la diosa y Tannhäuser corre hacia ella, mientras su amigo trata de salvarle. Cuando éste pronuncia el nombre de Elisabeth, Venus desaparece con todo su cortejo (Willkommen, ungetreuer Mann: Bien venido, hombre infiel). En la oscuridad se acerca una procesión de antorchas que portan el ataúd de la joven. Tannhäuser ruega ante el cuerpo de la joven que rece por él y fallece sobre el mismo. En este momento se aproxima un grupo de jóvenes peregrinos que traen el báculo del Papa completamente florecido, símbolo del perdón de Dios a Tannhäuser. (Cn.: Ich ward der Engel sel'ger Lohn: De los ángeles santos ha recibido).

Programa y reparto

Hermann: Franz-Josep Selig

Tannhäuser: Stefan Vinke

Wolfram Von Eschenbach: Thomas J. Mayer

Walther Von Der Vogelweide: Roger Padullés

Biterof: Deyan Vatchakov

Henry el escritor: Albert Casals

Reinmar von Zweter: David Lagares

Elisabeth: Johanni van Oostrum

Venus: Michelle DeYoung

Gran Teatre del Liceu

El Gran Teatre del Liceu, creado en 1847 en la Rambla de Barcelona, es un teatro de ópera que a lo largo de los años ha mantenido su función de centro cultural y artístico. Es uno de los símbolos de la ciudad.

Actualmente es un teatro de titularidad pública (Generalitat de Catalunya, Ayuntamiento de Barcelona, Diputación de Barcelona y Ministerio de Educación, Cultura y Deporte) administrado por la Fundación del Gran Teatre del Liceu, que incorpora, además de las citadas instituciones, el Consejo de Mecenazgo y la Sociedad del Gran Teatre del Liceu.

Los orígenes. Del 1837 al 1847

El Liceu tiene su origen en la Sociedad Dramática de Aficionados, creada en 1837 en el antiguo Convento de Montsió por unos miembros de la Milicia Nacional, organización de ciudadanos armados de la época de signo liberal, bajo la iniciativa de Manuel Gibert.
La necesidad de crear un conservatorio de música en una Barcelona en plena expansión económica y demográfica pronto propició (1838) su conversión en el Liceo Filarmónico Dramático Barcelonés de S. M. la Reina Isabel II, que añadía al cultivo del teatro el del canto y la música a la italiana.
 

El edificio de la Rambla

El éxito del Liceo Filarmónico, junto con la voluntad de un grupo de destacados miembros de la burguesía barcelonesa dirigido por Joaquim de Gispert i d’Anglí, llevaron a la construcción de un nuevo y ambicioso teatro, digno de la importancia de la ciudad, que ha perdurado a lo largo de más de un siglo y medio, en el solar del antiguo Convento de los trinitarios de la Rambla.
El primer edificio, inaugurado solemnemente el 4 de abril de 1847, fue construido según los planos del arquitecto Miquel Garriga i Roca, pronto ayudado por Josep Oriol Mestres. El proyecto se financió mediante acciones mercantiles —que comportaban la propiedad privada de buena parte de los palcos y las butacas del futuro teatro— que dieron lugar a la Sociedad del Gran Teatre del Liceu, llamada «Sociedad de Propietarios», la cual, desde 1855, se convirtió en responsable única del Gran Teatre del Liceu al separarse jurídicamente del Conservatorio del Liceu.
La explotación del Teatro fue confiada desde un principio a empresas concesionarias de los espectáculos, que tenían la obligación de ofrecer un número determinado de representaciones, recibiendo, a cambio, los ingresos por la venta de las localidades no adscritas a la Sociedad.
Esta situación perduró hasta 1980.
 

La creación del Consorcio

El régimen económico que regía el Liceu se mostró inviable a partir del último cuarto del siglo XX. En 1980, el primer gobierno de la Generalitat de Catalunya, ante el peligro de desaparición de una institución del prestigio cultural internacional del Liceu, crea, junto con el Ayuntamiento de Barcelona y la Sociedad del Gran Teatre del Liceu, a las que se sumarían posteriormente la Diputación de Barcelona y el Ministerio de Cultura (1985 y 1986), el Consorcio del Gran Teatre del Liceu, que se hizo cargo de su gestión y explotación.
 

El incendio de 1994 y la construcción del edificio actual

El incendio del 31 de enero de 1994, que destruyó la sala y el escenario, causó un impacto emocional extraordinario en la sociedad catalana y replanteó de modo radical la propia existencia del Teatro. A fin de poder reconstruir, mejorar y ampliar este emblemático edificio, se hizo necesario un nuevo enfoque jurídico con miras a su titularidad pública: se creó la Fundación del Gran Teatre del Liceu (1994), y la Sociedad del Gran Teatre del Liceu hizo la cesión de la propiedad al Consorci del Gran Teatre del Liceu, integrado exclusivamente por las administraciones públicas  (cesión ratificada en 1997).
A partir del preexistente proyecto de Reforma y Ampliación de Ignasi de Solà-Morales (de 1986, al que se sumaron en 1988 Xavier Fabré y Lluís Dilmé), se realizó la reconstrucción, y el nuevo Liceu —con una apariencia fiel al anterior pero dotado de una infraestructura técnica muy avanzada y ampliado con los solares vecinos de la Rambla, calle Sant Pau y calle Unió — abrió sus puertas el 7 de octubre de 1999.

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